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jueves, 5 de mayo de 2016
sábado, 23 de mayo de 2015
La Tía Julia y el Escribidor
Este es un libro semi-autobiográfico de Mario Vargas Llosa. Este libro comienza cuando estudiaba derecho en Perú, como ya se relataba en la biografíahttp://vocaroo.com/i/s1v3r8zOHQUu
viernes, 15 de mayo de 2015
El sueño del Celta
La aventura que narra esta novela empieza en el Congo en 1903 y termina en una cárcel de Londres, una mañana de 1916.
Aquí se cuenta la peripecia vital de un hombre de leyenda: el
irlandés Roger Casement. Héroe y villano, traidor y libertario, moral e
inmoral, su figura múltiple se apaga y renace tras su muerte.
Casement fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores
del colonialismo. De sus viajes al Congo Belga y a la Amazonía
sudamericana quedaron dos informes memorables que conmocionaron a la
sociedad de su tiempo. Estos dos viajes y lo que allí vio cambiarían a
Casement para siempre, haciéndole emprender otra travesía, en este caso
intelectual y cívica, tanto o más devastadora. La que lo llevó a
enfrentarse a una Inglaterra a la que admiraba y a militar activamente
en la causa del nacionalismo irlandés.
También en la intimidad, Roger Casement fue un personaje múltiple: la
publicación de fragmentos de unos diarios, de veracidad dudosa, en los
últimos días de su vida, airearon unas escabrosas aventuras sexuales que
le valieron el desprecio de muchos compatriotas.
El sueño del celta (2010) describe una aventura existencial,
en la que la oscuridad del alma humana aparece en su estado más puro y,
por tanto, más enfangado.
Imagen y texto de Vargas Llosa
La relación con su padre siempre fue pésima. Durante muchos años guardó hacia él una mezcla
de sentimientos entre temor y resentimiento, debido a que durante su niñez
debió soportar violentos arrebatos de parte de su padre. Pero sobre todo fue psicológicamente afectado
a causa de la repulsión de su padre hacia su vocación literaria, que nunca
llegó a comprender. Además su padre le envió a una escuela militar donde cursó
el equivalente a 3º y 4º de ESO. Los muchachos que asisten a esta escuela militar
son jóvenes de clase social baja y media, que en su mayoría fueron enviados
al colegio como un castigo impuesto por sus padres, al igual que a él.
La Ciudad y
los perros
-¿Qué ha dicho? - Tengo un problema - dice Alberto, rígido
decir mi padre es general, contralmirante, mariscal y juro que por cada punto
perderá un año de ascenso, podría “Es algo personal. - Se interrumpe, vacila un
instante, luego miente: - El coronel dijo una vez que podíamos consultar a
nuestros oficiales. Sobre los problemas íntimos, quiero decir. - Nombre y
sección - dice el teniente. Ha bajado las manos de la cintura; parece más
frágil y pequeño. Da un paso adelante y Alberto ve, muy cerca y abajo, el
hocico, los ojos fruncidos y sin vida de batracio, el rostro redondo contraído
en un gesto que quiere ser implacable y sólo es patético, el mismo que adopta
cuando ordena el sorteo de consignas, invención suya: "brigadieres,
métanles seis puntos- a todos los números tres y múltiplos de tres". -
Alberto Fernández, quinto año, primera sección. - Al grano - dice el teniente-
Al grano. - Creo que estoy enfermo, mi teniente. Quiero decir de la cabeza, no
del cuerpo. Todas las noches tengo pesadillas - Alberto ha bajado los párpados,
simulando humildad, y habla muy despacio, la mente en blanco, dejando que los
labios y la lengua se desenvuelvan solos y vayan armando una telaraña, un
laberinto para extraviar al sapo -. Cosas horribles, mi teniente. A veces sueño
que mato, que me persiguen unos animales con caras de hombres. Me despierto sudando
y temblando. Algo horrible, mi teniente, le juro. El oficial escruta el rostro
del cadete. Alberto descubre que los ojos del sapo han cobrado vida; la
desconfianza y la sorpresa asoman en sus pupilas como dos estrellas moribundas.
“Podría reír, podría llorar, gritar, podría correr." El teniente Huarina
ha terminado su examen. Bruscamente, da un paso atrás y exclama: -¡Yo no soy un
cura, qué carajo! ¡Váyase a hacer consultas morales a su padre o a su madre! -
No quería molestarlo, mi teniente - balbucea Alberto. - Oiga, ¿y este
brazalete? - dice el oficial, aproximando el hocico y los ojos dilatados- ¿Está
usted de imaginaria? - sí, mi teniente. -¿No sabe que el servicio no se
abandona nunca, salvo muerto? - Sí, mi teniente. -¡Consultas morales! Es usted
un tarado. - Alberto deja de respirar: la mueca ha desaparecido del rostro del
teniente Remigio Huarina, su boca se ha abierto, sus ojos se han estirado, en
la frente han brotado unos pliegues. Está riéndose. Es usted un tarado, qué
carajo. Vaya a hacer su servicio a la cuadra. Y agradezca que no lo consigno. -
Sí, mi teniente. Alberto saluda, da media vuelta, en una fracción de segundo ve
a los soldados de la Prevención inclinados sobre sí mismos en la banca. Escucha
a su espalda: "ni que fuéramos curas, qué carajo". Frente a él, hacia
la izquierda, se yerguen tres bloques de cemento: quinto año, luego cuarto; al
final, tercero, las cuadras de los perros. Más allá languidece el estadio, la
cancha de fútbol sumergida bajo la hierba brava, la pista de atletismo cubierta
de baches y huecos, las tribunas de madera averiadas por la humedad. Al otro
lado del estadio, después de una construcción ruinosa - el galpón de los
soldados- hay un muro grisáceo donde acaba el mundo del Colegio Militar Leoncio
Prado y comienzan los grandes descampados de La Perla.
Mario Vargas Llosa con el uniforme del Colegio
Militar Leoncio Prado.
Poema la exorcista
Como se nos relata en una anécdota de la biografía, Vargas Llosa dice que nunca ha mentido sobre su identidad, pero en este poema se representa todo lo contrario, ya que la protagonista miente sobre lo que le ocurre por la noche.
Este poema relata la
historia de una mujer que aparenta llevar una vida monótona según dicen sus
compañeros de oficina. No obstante, todas las noches ella se despierta para
luchar contra un espíritu maligno que gracias a disfraces, intenta introducirse
en la ciudad para entorpecer la vida de los ciudadanos. A pesar de ello, ella
siempre le descubre y frustra sus planes, pidiendo como recompensa a su arduo
trabajo afecto y amistad.
Mi vida parece sin misterio y
monótona
a quienes me ven
de paso a la oficina
en las mañanas apuradas.
La verdad es muy distinta.
Cada noche debo salir a pelear
contra un espíritu malvado
que, valiéndose de
disfraces -perro, grillo,
nube, lluvia, vago,
ladrón- trata de
infiltrarse en la ciudad
para estropear la vida humana
sembrando
la discordia.
A pesar de sus disfraces yo
siempre lo descubro
y lo espanto.
Nunca ha conseguido engañarme
ni vencerme.
Gracias
a mí, en esta ciudad
todavía es posible
la felicidad.
Pero los combates nocturnos me
dejan exhausta y magullada.
En pago de mis
refriegas contra el enemigo,
les pido unas sobras
de afecto y amistad.
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